Este libro es fantástico.
¿Por qué? Porque saca belleza de cada narración que hace. Aunque a veces se alargue en alguna parte, consigue contar con pocas palabras muchas cosas además de acción, y cosas que valen la pena.
Escrito por Ray Bradbury, resumiendo trata de un mundo futurista donde el hombre ha sido aislado de la literatura (prohibiéndola casi en su totalidad) y el pensamiento (llenando la vida del individuo de drogas, publicidad y televisión). A pesar de ello, los suicidios son algo normal y la gente en su interior no logra ser tan feliz como aparenta. Los bomberos, liberados de la carga de apagar fuegos puesto que las casas son ahora anti-ignífugas, tiene como misión buscar y quemar los libros que encuentren. Guy Montag, uno de ellos, comenzará a ver qué es aquello que han de quemar y que tanto perjudica a la sociedad.
También hubo una película, allá por el 1966, del mismo nombre (Farenheit 451) basada en la novela, hecha por François Truffaut. Tiene algunos detalles buenos, pero si os leéis primero el libro la encontraréis bastante retro-futurista (es decir, cutre para los que hemos nacido en el siglo XX y no apreciamos los pocos medios de antes).
Incluso hace poco (2003) salió en EEUU otro largometraje titulado Equilibrium (Así rollete Matrix) que tenía un argumento bastante similar pero con otra estética. No me desagradó, me la esperaba peor.
Os recomiendo mucho mucho que leáis el libro.
Por cierto, Farenheit 451 es la temperatura a la que el papel arde.
Canción que escucharía la gente atrapada en ese sistema, y quizás no estemos tan lejos:
- Lemon Jelly – Nice weather for ducks
Porque es simple, tonta y tremendamente pegadiza. A ver, todos a coro… “¡All the ducks are swimming in the waaaateeer!” (sic)
