Cuento corto de Septiembre

habitacionPeque

 

Nada mejor que nada.

Un arbusto como un roble de alto dejando caer lapiceros de colores maduros a la tierra.

Una lluvia de cáscaras de huevo cortante en medio de nubes de algodón púrpura.

Gente tapándose con gabardinas de cartulina y paraguas hechos con lápices, llegando a su refugio, casetilla de jardinero rancio de ladrillos de madera y azúcar glás.

Y cuando termina de relampaguear, cuando resuena por todos los montes el terrible ruido del trueno del niño pequeño que no puede ni deja dormir, entonces se despierta el padre de su sueño.

Y tiene que levantarse a mecer al niño.

Y el niño está llorando y tiene un trozo de cáscara de huevo entre las manos. Se ha cortado con él.

El padre se asombra y le da un beso.

4 comentarios

  1. Domingo, 09 Septiembre 2007 a 1:49

    Bonito sueño con objetos extraidos de un mundo de golosina, concretamente, del país del libre albedrío. Aunque, si yo llego a ser el padre de ese niño, ¡lo quemo por brujo!. O le doy un besito en la frente para no enfadarlo más y así pasar desapercibido ante su magia negra evidentemente potencial. Me da a mi que de este cuento pueden surgir segundas y terceras partes, pero mientras tanto, voy a ir a comprarme una gabardina de cartulina negra, pues son mis favoritas y ya se aproxima el mal tiempo.

  2. Heredera Real de Gordillo Parapa y Marama Mariquilla dijo:

    Lunes, 10 Septiembre 2007 a 11:46

    Una vez oí ese niño llorar, pero no caían cáscaras de huevo, y el padre no se levantaba ni a tiros, convertido en piedra por girarse a mirarle demasiado pronto, antes de inicarse el llanto. Supongo que fue alertado por un silencio premonitorio que sabía a sal, y era gris pues los lápices de colores aún estaban verdes, y cubiertos por los flases de mil fotos forasteras.
    Luego vi otro niño sobre esos brazos de colores que has retratado. Un niño muy distinto, que nos ganaba con su sonrisa abarrotada y nos tiraba un escondite a través del camino que nos separaba. Lanzarle un órdago tras una cortina bastó para fijarlo a tu balcón, clavada la vista en nuestra mirada, y en los dos niños aflorados que revoloteaban tratando de alcanzar el césped de letras. La infancia no entiende de distancias, de caracteres, ni de tiempo. Y cre que de magia sí, y mucho.

  3. tresky dijo:

    Lunes, 10 Septiembre 2007 a 4:35

    Me pregunto si ese beso del padre realmente curará las heridas ..

  4. Sábado, 08 Diciembre 2007 a 3:17

    [...] Una gabardina de cartulina (ya se veía venir desde el cuento corto) [...]


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