
A veces, cuando miro hacia fuera
veo un sinfín de casas caóticas,
ventanas de todos los colores
sucios y hambrientos,
pero por encima de ellos
siempre veo la pura imagen
del mediterráneo.
Un toldo blanco
que pende de la brisa
que traga la mar.
En Agosto reflejaba
las radiantes felicidades
del que sabe nadar
bajo el cel blau.
Ocurre que las nubes
van rellenando los formularios
de la inmigración
allá por Septiembre, comienzos.
En tonces él, aún radiante
les da paso alegre
de vientos que aún arrastran
tardes de siesta y de sol.
Y cuando Septiembre,
ese mes de cambios,
comienza a salivar
y mojar las calles,
se torna oscuro.
Las paredes se mezclan con él.
Ya se mueve pesado y viejo
y espera la mano
reconfortante y limpiadora
que traiga el próximo Junio.
——————————————-
Adiós, Mallorca. Un placer muy grande.