Terapia contra la homosexualidad

Bandera de seis colores gay

He leído que están ganando apoyo en España los cursos para curar la homosexualidad, provenientes de EEUU (son los cursos los que vienen de allí, no la condición sexual). No sé si el intelecto humano ha decidido poner la marcha atrás o sólo está aparcando para que nos bajemos todos. Resulta que se pueden curar, es decir, que les gusten personas de distinto sexo, como Dios manda. De hecho, son reglitas muy sencillitas y alegres, como, por ejemplo:

“Cuando uno prescinde de determinadas compañías, deja de consumir pornografía y de visitar bares y saunas, la curación es posible en el 67% de los casos”.

Menos mal, ya me puedo quedar en casa viendo como la inmensa mayoría de los españoles se hacen gays yendo de tapas regularmente o viendo el fútbol, o visitando los populares baños árabes de Granada, dejando de lado todo aquél que tenga un pensamiento mínimamente creativo y, además, dejando la pornografía y todos los libros asociados al tema para descubrir que en la noche de bodas, si he seguido todos los consejos anteriores, lo que se hace no es precisamente la repartición fiscal de bienes, y una vez ilustrado repetir hasta la saciedad la postura A y B, porque mis padres no se sabían más.

No acaba ahí la cosa, puesto que la lista sigue amablemente:

“Abraza a tu hijo todo lo que puedas porque, si no, otro hombre lo hará”

Toma ya, alarma social, que nadie abrace a mi hijo excepto yo, y a mi hija su madre. Teletubbies a la hoguera (otra vez), y Reyes magos, papás noeles y tal, un apretón de manos y cachete en el moflete.

Y siguen:

“Hay ciertos factores que, durante la infancia de un niño, generan un 75% de posibilidades de que sea homosexual (…) la falta de apego emocional con el padre del mismo sexo, abusos sexuales o que el niño sea sensible”

Amiguitos y amiguitas, ya saben: sus niños brutotes y todo el día recogiendo patatas con su padre cerca.

No sólo vienen con recetas, sino que advierten desde medios digitales que “El estilo de vida homosexual reduce más años de vida que fumar”. Sí, amigos (y perdonad que me ponga en modo Wyoming), usted va ingresado al hospital con una enfermedad y le ocurrirá la típica estampa:

-¿Hace ejercicio?

- Sí

- ¿Toma café?

- No mucho

- ¿Bebe?

-Agua y poco más

- ¿Fuma?

- No desde los 16

- Entonces ya sabemos la causa de su infarto: es usted un invertido. Deberá guardar reposo junto a una foto de su padre, y nada de bares, pornografía o visitas. Además hará un cursillo reformatorio de 60 días y luego venga a verme.

Claro, que no quiero ni imaginarme cómo son los cursos para futuros ex-gays y ex-lesbianas. Más bien ya no puedo, porque tuve la suerte de ver una recreación muy simpática en una película recomendada por Verónica (La Vero, vamos), videoartista, poetisa y compañera mía en diseño. De paso, y como que viene totalmente a cuento sin decir el por qué, doy la bienvenida a su fotolog entre mis enlaces. Bien, tras todo esta introducción mira-a-quién-conozco, la película se llama

But I am a cheerleader (Pero si soy una animadora)

Se narra el paso de una chica con dudas de su sexualidad por un centro de rehabilitación llamado Dirección Verdadera de lo más estereotipado y cómico. Una comedia muy ilustrativa de los ideales que llevan a pensar del mismo modo que los que imparten estos cursos de curación.

¡Es que te partes!.

Aquí vemos a las protagonistas ejerciendo uno de sus roles femeninos asignados:

Roles femeninos

Aspirando (a ser hetero)

Y uno de los masculinos:

Roles masculinos

jugando a la guerra con un decorado de… bueno, échenle imaginación. Nótense los colores azules para los hombretones y, arriba, los rosas para las chicas.

¡Ya sabéis!, a ilustrarse con los métodos anti-gays/lesbianas.

Aún hay más frases (reales y preocupantes) del tal Manuel Zapata del artículo de donde lo he sacado. No está aún por internet, pero la autora era Olga R. SanMartín para el periódico El Mundo del 26 de Diciembre del 2007.

Cosas que no deben ser perdidas como: “veo el pressing catch con mis hijos”, y “A mis hijos les gusta jugar a las cocinitas, así que lo que yo hago es enseñarles roles masculinos: en vez de cocinitas tenemos un bar. Y yo sé que van a ser unos hombres, como su papá”

Roles (fíjate, ¡como lo que se muestra en el filme!) aparte… ¿ No habíamos quedado que se alejaran de ambientes como la sauna, por lo de los cuerpos al fresco, y los bares?…

En fin…