Tránsito a Francia (II)

Andaduras 3

Andaduras 3

(Recapitulación: Llegué al aeropuerto de París y tocaba esperar hasta las 6 para coger el tren hacia Nancy)

Y llegó Jon Tarjono. Indonesio, 30 años, pescador. Nuestro encuentro fue un poco extraño. Lo ví pasar de un lado para otro, preguntando (con visible dificultad) al personal, y cuando le oí decir “coca cola” ya sabía que algo de español, sabía. En uno de sus paseos de un lado a otro de mi campo visual, alcé la voz para ofrecerle orientación, y él vino, se sentó y hablamos. Realmente chapurreaba el español y no hablaba ni francés ni inglés aunque algo sí que entendía, con lo que quedaba explicada su desorientación.

Volvía en vacaciones a su país, y en esos largos transbordos de los viajes le tocaba esperar 21 horas para su vuelo París – Dubai. Luego serían 15 más hasta Indonesia. Allí vería a sus hijas, de 6 y 2 años. “2 años y medio” apuntaba él rápidamente. A la pequeña no la conocía aún, mucho trabajo sin descanso. Su mujer, padres y hermanos también le echaban de menos. Seguro que se lo recordaban cuando mandaba dinero para que ellos pudieran comer.

Espera en la estación (París)

Espera en la estación (París)

Los minutos pasaban lentamente. 5 horas de espera para mí, unas 17 para él. Decidimos hablar o movernos, para vencer el sueño, y así me contó cómo era su oficio: muy duro, mucho frío, mucho tiempo sin dormir, a lo mejor 3 horas de descanso y otra vez en pie. En uno de los paseos, salimos fuera del aeropuerto para que él pudiera fumar. El frío traspasó mis párpados de espera, pero a él parecía no afectarle. “En mar es más frío. Yo no lo siento”. Enseguida supe que sería difícil para mí seguir el camino de Paul Auster y enrolarme en un barco con estos vientos.  Dentro se estaba mejor, y compartimos un café.  Había conocido a pescadores de otros países y de otras regiones. Me comentaba que le había costado empezar a aprender español, pero que le ayudaron, y que de todos los que ha conocido, los que menos entiende cuando hablan son a los gallegos. Imaginé la estampa de un hombre hablando en gallego y a Jon pensando que hablaba en español, sin comprender nada.

Había algo en él especial cuando decía que le gustaban los puertos bonitos, los limpios y de pescadores, en especial del mediterráneo. Éra el brillo de quien ha sabido apreciar y no se ha estado quejando de su mala suerte siempre.

Y tenía motivos. Estando en su país tuvo que ahorrar el equivalente a 1500 € aquí para conseguir un trabajo en España legal. Eso allí es mucho dinero. Al llegar, las circunstancias no eran demasiado buenas: depende mucho del patrón para seguir trabajando.

Él, al igual que yo, quería trabajar en tierra, embarcar en tierra. Reíamos.

Le ofrecía comida: galletas y jamón. Los rechazó educadamente, las galletas no le gustaban y, por el otro lado, era muslimán. A pesar de todo, él mismo se preguntaba por qué no podía comer cerdo. Es como si el mundo le ocultase algunos secretos sobre él mismo. No conocía el significado de las palabras en español “desear” ni “querer”, supongo que nadie a su alrededor las emplea. Tampoco el verbo “soñar”, fuera de su relación con “dormir”.

Un problema con su maleta hizo que se le extraviara entre los trasbordos, aunque los de la compañía le aseguraron que llegaría en el siguiente avión. Jon estaba realmente preocupado por su maleta. En ella tenía los regalos a su familia: unos pantalones y zapatillas para su mujer y para sus hijas. “Dos”, me decía, y caros y buenos. Quería llevárselos y éso era lo que le importaba, por eso de cuando en cuando lo recordaba y se entristecía. Miraba otras maletas y sus ojos apuntaban al suelo.

Un retrato de 6 horas:

Jon Tarjono

Jon Tarjono

Le dije que le traduciría para preguntar en Iberia a las 6 de la mañana. Sin embargo le expliqué lo que tendría que hacer cuando yo me fuese. Hasta entonces, sólo podíamos hacernos compañía.

Por desgracia, a la hora de apertura me sobrevino una noticia y tuve que irme antes de poder ayudarle como era debido. Le pedí perdón, le recordé lo que tendría que hacer rápidamente, le dí un apretón de manos. Como siempre, una sonrisa, unos ojos tristes, un cansancio.

Y aún queda contar qué fue la noticia.

(Inciso: Un día después, Eli realizaría el mismo viaje con sus propias anécdotas. Podéis verlas aquí)

6 comentarios

  1. tresky dijo:

    Domingo, 27 Septiembre 2009 a 11:26

    Viajamos de un lado para otro pensando para nosotros mismos hacia donde ir, qué puerta coger, si girar o no … Detenerse a observar los lugares, las escenas, los moviemientos … LOS ROSTROS, quedan fuera de nuestro alcance: no tenemos tiempo.
    Cuántas historias paralelas a las nuestras !! Cuánto se puede descubrir!!
    Al menos para recordarnos que, despues de todo, no somos tan desdichados.

  2. unpaulblog dijo:

    Domingo, 27 Septiembre 2009 a 11:37

    Por eso nos paramos para conocer a Jon, a Abdou, a Marcelino, a Jonas… ¿n’est pas?

    Histoires. Visages. Photographies. Toi-même. C’est le chemin.

    Más historias en el blog de Tresky.

  3. Lunes, 28 Septiembre 2009 a 1:32

    Sois el presente de George Stobart y Nicole Colard.

    Cuanto de bueno conlleva dar con alguien que te recuerda que el mundo no es solo lo que concebimos por nuestros sentidos y experiencia.

    Ese pescador buscavidas, cuanto dice su mirada.

    Un abrazo.

  4. unpaulblog dijo:

    Lunes, 28 Septiembre 2009 a 6:01

    Cuando le pedí si podía retratarle, no puso ningún problema, y mientras le pedía que posara natural, sin sonreir ni nada, me daba cuenta de que ya lo estaba haciendo perfectamente.

    Nosotros somos los que siempre tenemos que aparentar la felicidad en todas las fotos. Sonría, por favor.

    Une accolade (abrazo).

  5. Heredera Real de Parapa Gordillo y Marama Mariquilla dijo:

    Viernes, 02 Octubre 2009 a 4:01

    Leo a reflexión hecha, y aún me quedo rumiando jirones y con retrogusto agriculceácidosalado…

  6. unpaulblog dijo:

    Miércoles, 07 Octubre 2009 a 7:43

    Espero que todo vaya bien y pronto pueda volver a deciros cosas de importancia variable por aquí.

    Ay… que aún queda la tercera parte y ya han ocurrido otras cosas. Cachis.


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