Viviendo como un Nanciniano, la Navidad llega antes. El 6 de diciembre ya llega San Nicolás con su Pain d’épices, cortesía del RestoU (comedor universitario) y por supuesto con los manidos calcetines y zapatos limpitos para regalos. No es que estuviera la situación muy boyante, pero bueno, ahí quedaba la intención.
Finalmente los zapatos no fueron limpiados, para los curiosos.
¿Qué os creíais?
Por suerte, Jonas y Laura nos regalaron algo para amenizarnos la espera: un calendario de adviento. No es ni más ni menos que una caja con ventanas de cartón, una por cada día del 1 al 24, que abres cada día de diciembre hasta llegar al último, que es nochebuena. Dentro del hueco abierto por la ventana queda una chocolatina y un dibujo. ¿Lo mejor? Llevábamos 5 días de retraso con sus consiguientes chocolatinas. Había que ponerse al día.
Siguiendo con la saga, diremos de una forma resumida que una buena mujer, ya entrada en años, llamada Anne, nos introdujo en esas navidades de verdad, no las que predicaban las luces y las tiendas, sino en los momentos inesperados de amabilidad. Una confusión comenzó, en plena calle, una conversación entre esta damisela y un servidor, hablando de teología y cine, tras lo cual me preguntó qué hacía en Nancy y, dada mi situación de desempleo, ni corta ni perezosa se ofreció a invitarnos a Eli y a mí al cine. 15€ quiere darme, pero no lleva. Tras rehusar yo varias veces, ella insiste: “Nada de no puedo aceptarlo, se dice: Oui, merci madame”. Ante tanto encanto uno no puede resistirse sin salirse de la educación, así que vamos al cajero automático. Saca 20€, no tengo cambio, así que vamos a una floristería cercana a pedirlo. La damisela, como ve que no se lo dan si no adquiere nada, pide una corona de Navidad de 18€, con 4 velas, hace a la dependienta que cambie la decoración de la corona para hacerla más natural, y mientras me da el dinero ya cambiado.
Y al salir, me regala también la corona. ¡Hale!, así, de pronto, así que yo me quedo de piedra, me vuelve a decir lo del “oui, merci madame”, lo repito como un muñeco, me da 5 besos y me desea feliz navidad. Y yo, pues a casa con 15€ en el bolsillo para ver una película, y una corona de navidad para encender.
Su funcionamiento es sencillo: hay 4 velas, se enciende una cada domingo de diciembre, así la última se hace en Nochebuena (aunque no caiga en domingo). Al menos eso creí entender a la anciana. No menos ideales son las cerillas: “Gauloises” (Galas), con su casco asterixiano como logotipo.
No faltará nuestra cena ni nuestro almuerzo con Marcelino, claro está. Aquí alguna muestra de varios días seguidos de juegos de personajes, fondues, vin chaud, arepas (típico venezolano, como un pan de acompañamiento hecho a la plancha con harina de maiz), fuegos artificiales bloqueados por policías, y buena compañía:
Y ya van quedando pocos días para el retorno a tierra conocida. Mientras tanto, disfrutemos con los espectáculos naturales que nos ofrece Nancy.
Disfruten de sus navidades.
















